Los reformistas: el diezmo y las ofrendas

¿Es verdad que los reformistas no pagan los diezmos y las ofrendas? ¿Podría explicarme su posición?

Esa es una acusación falsa, como las que se acostumbran a hacer en la iglesia nominal adventista cuando un hermano, se interesa en el Movimiento de Reforma.

Nuestros principios de fe, claramente establecen: “Creemos que Dios es el propietario de la tierra. “De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan” (Salmo 24:1). Él nos ha constituido como sus administradores. Cada creyente tiene el privilegio y el deber de entregar el diezmo de todos sus bienes e ingresos, con los cuales Dios le ha bendecido.” (Principios de Fe, No. 29: De los medios para la propagación del Evangelio) Usted puede leer la versión completa aquí.

Nuestra posición doctrinal es muy clara y se detalla a continuación:

EL USO DE LOS DIEZMOS Y LAS OFRENDAS

(Mal.3:8-10)

“¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas.  Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.”

 A- EL PRIMER DIEZMO

DIEZMO: Del hebreo maasér, y del griego dekat, significa décima parte.

 1- ¿Desde cuándo se originó el sistema de diezmo?

Gén.2:16-17.

“El Señor creó todo árbol del Edén agradable para los ojos y bueno como alimento, e invitó a Adán y Eva a disfrutar libremente de sus bondades.  Pero hizo una excepción.  No debían comer del árbol del conocimiento del bien y del mal.  Dios se reservó ese árbol como recuerdo constante de que era dueño de todo.  Así les dio oportunidad de demostrar su fe y confianza obedeciendo perfectamente sus requerimientos.” 3 J.T., 37.

“El origen del sistema de los diezmos es anterior a los hebreos.  Desde los primeros tiempos el Señor exigió el diezmo como cosa suya; y este requerimiento fue reconocido y cumplido.” P.P., 564.

 2- ¿Cuál es el propósito del diezmo?

Núm.18:21,24; 1Cor.9:13-14; 1Tim.5:17-18.

“[Dios] pone sus tesoros en las manos de los hombres, pero requiere que una décima parte sea puesta fielmente a un lado para su obra. Requiere que esta porción sea entregada a su tesorería.  Ha de serle devuelta como propiedad suya; es sagrada y debe emplearse para fines sagrados, para el sostén de los que han de proclamar el mensaje de salvación en todas partes del mundo.  Se reserva esta porción a fin de que siempre afluyan recursos a su tesorería y se pueda comunicar la luz de la verdad a los que están cerca y a los que están lejos.  Obedeciendo fielmente este requerimiento, reconocemos que todo lo que tenemos pertenece a Dios.” 3 J.T., 37.

 3- ¿Devolvían diezmo también los levitas?¿Cómo se llamaba este diezmo, y a quién lo entregaban?

Núm.18:26-29.

 4- ¿De qué se debe sacar el diezmo?

Ejemplo de:

a)      Los patriarcas: Gén.14:17-20; 28:20-22.

b)     Los israelitas: Lev.27:30,32.

c)      Los cristianos antiguos: Gál.6:6.

“Tal como lo hizo Abrahán, hay que pagar el diezmo de todo lo que se posee y de todo lo que se recibe.  Un diezmo dado fielmente es la parte del Señor.  Retenerlo es robar a Dios.  Cada persona debe llevar con liberalidad los diezmos y las ofrendas a la tesorería del Señor, con buena voluntad y con gozo, porque al hacerlo así recibe una bendición.  Es peligroso retener como propia la parte que le pertenece a Dios.” Consejos sobre Mayordomía Cristiana, 71.

 5- ¿Cómo podemos diezmar lo que no está en efectivo?

Deut.14:22,24-25.

 6- ¿Qué usos no se debe dar al diezmo?

a) No usarlo para ayudar a los necesitados:

“El diezmo ha sido puesto aparte con un propósito especial.  No debe considerarse como un fondo para pobres.  Debe dedicarse especialmente al sostén de los que predican el mensaje de Dios al mundo; y no hay que desviarlo de este propósito.” Consejos sobre Mayordomía Cristiana, 108.

b) No usarlo para casos de emergencia, ni en ninguna otra rama de la obra del Señor:

“No se sienta nadie libre para retener su diezmo, a fin de emplearlo según su criterio.  No se ha de emplear para uso propio en caso de emergencia, ni debe dársele la aplicación que parezca conveniente, ni siquiera en lo que pueda considerarse como obra del Señor.

“El predicador debe, por precepto y ejemplo, enseñar a la gente a considerar el diezmo como sagrado.  No debe creer que puede retenerlo y emplearlo según su propio criterio porque sea predicador.  No le pertenece.  No tiene libertad de dedicar a sí mismo cuanto le parezca debido.  No debe prestar apoyo a los planes que tiendan a distraer de su uso legítimo los diezmos y ofrendas dedicados a Dios.  Han de ser puestos en la tesorería del Señor, y tenidos por sagrados para su servicio, según la indicación divina…

“El uno razona que el diezmo puede aplicarse a fines escolares.  Otros razonan que los colportores deben ser sostenidos por el diezmo.  Pero se comete un gran error cuando se aparta el diezmo del objeto al que ha de ser dedicado, a saber, el sostén de los predicadores.  Debiera haber ahora en el campo cien obreros bien calificados donde hay tan sólo uno.” O.E., 237, 238.

 7- ¿Puede alguien coger prestado de su diezmo y al pagarlo devolver una quinta parte como manda la Biblia?

Lev.27:31.

Nota: Muchas personas toman este texto como un permiso de poder coger prestado del diezmo. Sin embargo un buen análisis de lo mismo demuestra lo contrario.

En aquel entonces los diezmos se pagaban con los mismos artículos de la cosecha y el ganado, no siempre con dinero en efectivo. Cuando le gustaba a alguien algo de lo que está dedicado al Señor como diezmo y quería rescatarlo, él pagaba el costo del artículo más la quinta parte de su valor. No era un préstamo sino una compra.

Había un otro estatuto similar para un caso diferente. Cuando alguno del pueblo usaba por yerro algo del diezmo u otra cosa consagrada, él tenía que pagar la cosa más la quinta parte también: Y el que por yerro comiere cosa sagrada, añadirá a ella una quinta parte, y la dará al sacerdote con la cosa sagrada.” Lev.22:14. Aquí tampoco se trata de préstamo, que es una decisión voluntaria, sino de yerro, algo involuntario. A pesar de todo había que añadir la quinta parte.

 B- EL SEGUNDO DIEZMO

 1- ¿Cómo sabemos que la Biblia hace mención de un segundo diezmo?

Comparar Núm.18:21 con Deut.14:23.

“Como supremo Señor de la tierra, Jehová mandó que se pagasen los diezmos para mantener a sus obreros.  Se considera generalmente que el diezmo mencionado en estos versículos es el segundo diezmo, que debía consumirse en el tabernáculo como un banquete sagrado ante el Señor.  También se habla de este segundo diezmo en Deut.14: 28 y 26: 12-15.  El segundo diezmo era diferente del primero, que estaba dedicado exclusivamente al sostén de los sacerdotes y de los levitas (Núm. 18: 21, 26).” 1 C.B., 1015.

 2- ¿Qué uso se daba a ese segundo diezmo?

a) Para los gastos y las ofrendas de las fiestas anuales y para las obras de beneficencia social: Deut.14:22-29; 16:10-17.

“A fin de fomentar las reuniones del pueblo para los servicios religiosos y también para suplir las necesidades de los pobres, se le pedía a Israel que diera un segundo diezmo de todas sus ganancias.  Con respecto al primer diezmo el Señor había dicho: “He aquí yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos en Israel.” (Núm.18:21.) Y acerca del segundo diezmo mandó: “Y comerás delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiera para hacer habitar allí su nombre, el diezmo de tu grano, de tu vino, y de tu aceite, y los primerizos de tus manadas, y de tus ganados, para que aprendas a temer a Jehová tu Dios todos los días.” (Deut.14: 23; véase vers. 29; y 16: 11-14.)

“Durante dos años debían llevar este diezmo o su equivalente en dinero al sitio donde estaba el santuario.  Después de presentar una ofrenda de agradecimiento a Dios y una porción específica para el sacerdote, el ofrendante debía usar el remanente para un festín religioso, en el cual debían participar los levitas, los extranjeros, los huérfanos y las viudas.  Se proveía así para las ofrendas de gracias y los festines de las celebraciones anuales, y el pueblo había de frecuentar la compañía de los sacerdotes y levitas, a fin de recibir instrucción y ánimo en el servicio de Dios.  Pero cada tercer año este segundo diezmo había de emplearse en casa, para agasajar a los levitas y a los pobres, como dijo Moisés: “Y comerán en tus villas, y se saciarán.” (Deut.26:12.)  Este diezmo había de proveer un fondo para los fines caritativos y hospitalarios.” P.P., 570.

b) Para gastos de obra misionera en nuevos campos:

“Habrá una abundancia de sitios para usar el segundo diezmo haciendo un fervoroso trabajo misionero en nuevos lugares.” 7 M.R., 139.

c) Para otros usos benéficos:

“La consagración a Dios de un diezmo de todas las entradas, ya fueran de la huerta o la mies, del rebaño o la manada, del trabajo manual o del intelectual; la consagración de un segundo diezmo destinado al alivio del pobre y otros usos benéficos, tendía a mantener siempre presente ante el pueblo el principio de que Dios es dueño de todo, y que ellos tenían la oportunidad de ser los canales por medio de los cuales fluyeran sus bendiciones.  Era una educación adaptada para acabar con todo egoísmo, y cultivar la grandeza y la nobleza de carácter.” Ed., 44 (41).

 C- LAS OFRENDAS

 1- ¿A parte de los diezmos, en qué más el Señor nos acusa de robarle?

Mal.3:8.

 2- ¿Cuál es la ofrenda material más importante y de la cual se hace más énfasis en la Biblia?

Pro.3:9-10.

Aun antes de que se pudiera reservar el diezmo, había que reconocer los derechos de Dios.  Se le consagraban los primeros frutos que maduraban entre todos los productos de da tierra.  Se apartaban para Dios las primicias de la lana cuando se trasquilaban las ovejas, del trigo cuando se trillaba, del aceite y del vino.  De idéntica manera se apartaban los primogénitos de los animales; y se pagaba rescate por el hijo primogénito.  Las primicias debían presentarse ante el Señor en el santuario, y luego se dedicaban al uso de los sacerdotes.” P.P., 565.

 3- ¿Por qué el Señor exigía esta ofrenda?

Además del diezmo, el Señor exige las primicias de todas nuestras gananciasSe las ha reservado a fin de que su obra en la tierra pueda ser sostenida ampliamente.  Los siervos del Señor no han de verse limitados a una mísera pitanza.  Sus mensajeros no deben verse estorbados en su obra de presentar palabra de vida.  A medida que enseñan la verdad, deben tener recursos que invertir en el adelantamiento de la obra que debe ser hecha al debido tiempo para ejercer la influencia mejor y más poderosa para salvar.  Deben realizarse acciones de misericordia; debe ayudarse a los pobres y dolientes.  Deben asignarse donativos y ofrendas para este propósito.  Esto debe hacerse especialmente en los campos nuevos, donde nunca se ha enarbolado el estandarte de la verdad. Si todos los que profesan ser hijos de Dios, tanto ancianos como jóvenes, cumpliesen su deber, no habría escasez en la tesorería.  Si todos pagasen fielmente el diezmo y dedicasen a Dios las primicias de sus ganancias, habría abundante provisión de recursos para la obra.  Pero la ley de Dios no es respetada ni obedecida, y esto ha ocasionado una necesidad apremiante.” 3 J.T., 35-36.

 4- ¿Es, pues, una obligación dar las primicias?

“Dios ha puesto su mano sobre todas las cosas, tanto en los hombres como en sus posesiones, porque todo le pertenece.  El dice: Soy el dueño del mundo; el universo es mío, y requiero que consagréis a mi servicio las primicias de todo lo que he puesto en vuestras manos mediante mi bendición.  La Palabra de Dios declara: “No demorarás la primicia de tu cosecha ni de tu lagar” (Exo.22:29). “Honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos” (Prov.3:9).  El exige este tributo como una señal de nuestra lealtad.” C.M.C., 77.

 5- ¿Qué otras ofrendas mencionan la Biblia y los Testimonios?

a) La ofrenda de gratitud: Sal.116:12.

i) Es una ofrenda que manifiesta nuestro agradecimiento al Señor por todos sus beneficios para con nosotros:

“En la dispensación antigua, mantenían continuamente sobre el altar una ofrenda de gratitud, mostrando así la obligación interminable del hombre para con Dios.” 4 Testimonies, 477.

“Cada bendición que se nos concede demanda una respuesta hacia el Autor de todos los dones de la gracia.  El cristiano debiera repasar muchas veces su vida pasada, y recordar con gratitud las preciosas liberaciones que Dios ha obrado en su favor, sosteniéndole en la tentación, abriéndole caminos cuando todo parecía tinieblas y obstáculos, y dándole nuevas fuerzas cuando estaba por desmayar.  Debiera reconocer todo esto como pruebas de la protección de los ángeles celestiales.  En vista de estas innumerables bendiciones debiera preguntarse muchas veces con corazón humilde y agradecido: “¿Qué pagaré a Jehová por todos sus beneficios para conmigo?” (Sal.116:12.)

“Nuestro tiempo, nuestros talentos y nuestros bienes debieran dedicarse en forma sagrada al que nos confió estas bendiciones.  Cada vez que se obra en nuestro favor una liberación especial, o recibimos nuevos e inesperados favores, debiéramos reconocer la bondad de Dios, expresando nuestra gratitud no sólo en palabras, sino, como Jacob, mediante ofrendas y dones para su causa.  Así como recibimos constantemente las bendiciones de Dios, también hemos de dar sin cesar.P.P., 185.

 ii) Es una ofrenda periódica, de un monto determinado por el dador, y es dedicada a los pobres y necesitados:

Presente cada miembro una ofrenda de agradecimiento a Dios una vez por semana o una vez por mes, como le sea más conveniente. Esta ofrenda dará expresión a nuestra gratitud por los dones de salud, alimento y vestido, y según haya sido la bendición de Dios por estas comodidades, pondremos a un lado para los pobres, los que sufren y los afligidos. Deseo llamar especialmente la atención de nuestros hermanos sobre este punto. Pasad por alto algunos de vuestros lujos, sí, aun algunas de vuestras comodidades, y ayudad a los que no pueden obtener sino escaso alimento y ropa. Al hacer esto en su favor, estáis haciéndolo por Jesús en la persona de sus santos y él se identifica con la humanidad que sufre. No esperéis hasta haber satisfecho todas vuestras necesidades imaginarias; no confiéis en vuestros sentimientos para dar cuando os sentís impulsados a hacerlo y reteniendo cuando no sentís este impulso. Dad regularmente, diez, veinte, o cincuenta centavos por semana, según desearíais verlo en el registro celestial en el día de Dios.” 5 Testimonies, 150.

b) La ofrenda por la culpa: Lev.4 y 5 (cf. Lev.5:11).

c) La ofrenda voluntaria (construcción): Exo.25:1-2, 8-9; 1Crón.29:1-9; Esd.2:68-69.

Además de todos estos donativos sistemáticos y regulares, había objetos especiales que exigían ofrendas voluntarias, como cuando se edificó el tabernáculo en el desierto, y el templo en Jerusalén.  Dios hacía esas substracciones tanto para beneficiar al pueblo mismo como para sostener el servicio del culto.” 1 J.T., 547.

“Traed vuestras ofrendas por la culpa, vuestras ofrendas de gratitud y vuestras ofrendas voluntarias; humillad vuestros corazones ante el Señor, y él estará siempre listo para recibiros y perdonaros.” R.H., 8 de Julio de 1880.

d) La ofrenda para el servicio de luz: Exo.27:20.

“El Señor instruyó a Moisés con respecto a Israel: “Mandarás a los hijos de Israel que te traigan aceite puro de olivas, molido, para la luminaria para hacer arder continuamente las lámparas.” (Exo.27:20) Esta había de ser una ofrenda continua para que la casa de Dios fuese suplida debidamente con lo necesario para su servicio. Su pueblo ha de acordarse hoy de que la casa de culto es propiedad del Señor, y que ha de ser cuidada escrupulosamente. Pero los fondos para este trabajo no han de ser restados del diezmo.” 9 Testimonies, 248.

e) Las promesas o votos: Sal.50:14; 116:14; Ecl.5:4-5.

“Uno de los mayores pecados del mundo cristiano de hoy, es el de disimular y codiciar en su trato con Dios. Hay un aumento en el descuido de parte de muchos en cuanto al pago de sus promesas a las varias instituciones y empresas religiosas. Muchos consideran el acto de prometer como si no entrañara la obligación de pagar.” 4 Testimonies, 475.

Una iglesia es responsable de las promesas de sus miembros individuales. Si la iglesia ve que hay un hermano que es descuidado en cuanto a cumplir sus votos, debe trabajar bondadosamente con él, haciéndole ver al mismo tiempo su responsabilidad. Si sus circunstancias no le permiten pagar su voto y es un miembro digno de la iglesia y tiene un corazón voluntario, la iglesia compasivamente debe ayudarle. De esta manera se puede subsanar la dificultad y conseguir una bendición.” 4 Testimonies, 476.

f) La mayor ofrenda: Pro.23:26.

“El corazón  joven es una ofrenda preciosa, el don más valioso que puede presentarse a Dios. Todo lo que sois y toda la habilidad que poseéis proceden de Dios, como legado sagrado que debe devolverse como ofrenda santa y voluntaria. No podéis dar a Dios nada que no os haya dado primero. Cuando se entrega el corazón a Dios, se le da, pues, un don que él ha comprado y le pertenece.” M.J., 405.

 D- BENDICIÓN O MALDICIÓN

 1- ¿Cuál fue una de las causas de la prosperidad de la economía hebrea?

Mal.3:10-12.

“Hay muchos que han contemplado a la nación judía como un pueblo digno de compasión, porque tenía que pagar tanto para el sostén de su religión; pero Dios, que creó al hombre y le proveyó de todas las bendiciones de que gozaba sabía lo que era para su bien.” 3 Testimonies, 404.

 2- ¿Qué porcentaje de sus ganancias daba generalmente los israelitas?

“Las contribuciones que se les exigían a los hebreos para fines religiosos y de caridad representaban por lo menos la cuarta parte de su renta o entradas.  Parecería que tan ingente leva de los recursos del pueblo hubiera de empobrecerlo; pero, muy al contrario, la fiel observancia de estos reglamentos era uno de los requisitos que se les imponía para tener prosperidad.  A condición de que le obedecieran, Dios les hizo esta promesa: “Increparé también por vosotros al devorador, y no os corromperá el fruto de la tierra; ni vuestra vid en el campo abortará. . . . Y todas las gentes os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos.” (Mal.3:11, 12.)” P.P., 566.

 3- ¿Qué porcentaje daban en ocasiones especiales los más concienzudos?

“En épocas fijas, a fin de conservar la integridad de la ley, se le preguntaba al pueblo si había cumplido fielmente sus votos o no.  Unos pocos, de conciencia sensible, devolvían a Dios alrededor de la tercera parte de todos sus ingresos para beneficio de los intereses religiosos y para los pobres.  Estas exigencias no se hacían a una clase particular de la gente, sino a todos, siendo lo requerido proporcional a la cantidad que se poseía.” 1 J.T., 547.

 4- Entonces, ¿qué porcentaje debemos dar nosotros hoy en día?

“En tiempos de Israel se necesitaban los diezmos y las ofrendas voluntarias para cumplir los ritos del servicio divino. ¿Debiera el pueblo de Dios dar menos hoy?  El principio fijado por Cristo es que nuestras ofrendas a Dios han de ser proporcionales a la luz y a los privilegios disfrutados.  “A cualquiera que fue dado mucho, mucho será vuelto a demandar de él.” (Luc.12: 48.) Cuando el Salvador envió a sus discípulos, les dijo: “De gracia recibisteis, dad de gracia.” (Mat.10: 8.)  A medida que nuestras bendiciones y nuestros privilegios aumentan, y sobre todo al tener presente el sacrificio sin par del glorioso Hijo de Dios, ¿no debiera expresarse nuestra gratitud en donativos más abundantes para comunicar a otros el mensaje de la salvación?  A medida que se amplía la obra del Evangelio, exige para sostenerse mayores recursos que los que se necesitaban anteriormente; y este hecho hace que la ley de los diezmos y las ofrendas sea aun más urgentemente necesaria hoy día que bajo la economía hebrea.  Si el pueblo de Dios sostuviera liberalmente su causa mediante las ofrendas voluntarias, en lugar de recurrir a métodos anticristianos y profanos para llenar la tesorería, ello honraría al Señor y muchas más almas serían ganadas para Cristo.” P.P., 568.

“Nosotros que gozamos de la clara luz y de los privilegios del Evangelio, ¿nos contentaremos con darle a Dios menos de lo que daban aquellos que vivieron en la dispensación anterior menos favorecida que la nuestra? De ninguna manera.  A medida que aumentan las bendiciones de que gozamos, ¿no aumentan nuestras obligaciones en forma correspondiente?  Pero ¡cuán en poco las tenemos! ¡Cuán imposible es el esfuerzo de medir con reglas matemáticas lo que le debemos en tiempo, dinero y afecto, en respuesta a un amor tan inconmensurable y a una dádiva de valor tan inconcebible! ¡Los diezmos para Cristo! ¡Oh, mezquina limosna, pobre recompensa para lo que ha costado tanto!  Desde la cruz del Calvario, Cristo nos pide una consagración sin reservas. Todo lo que tenemos y todo lo que somos, lo debiéramos dedicar a Dios.” P.P., 185-186.

 5- ¿Qué pasará cuando demos sin medidas al Señor?

Mal.3:10.

“[Dios] pone su mano en nuestras posesiones diciendo: “Yo soy el legítimo dueño del universo entero; éstos son mis bienes. Conságrenme los diezmos y las ofrendas. Cuando traigáis estos bienes específicos como una señal de vuestra lealtad y vuestra sumisión a mi soberanía, mi bendición aumentará vuestras substancias, y tendréis abundancia.”” 9 Testimonies, 245.

“Cuandoquiera que los hijos de Dios, en cualquier época de la historia del mundo, ejecutaron alegre y voluntariamente el plan de la benevolencia sistemática y de los dones y ofrendas, han visto cumplirse la permanente promesa de que la prosperidad acompañaría todas sus labores en la misma proporción en que le obedeciesen.  Siempre que reconocieron los derechos de Dios y cumplieron con sus requerimientos, honrándole con su substancia, sus alfolíes rebosaron” 1 J.T., 375.

 6- ¿Pero qué pasará, y cuál será nuestra suerte final si retenemos o seguimos reteniendo de nuestros diezmos y ofrendas?

Pro.11:24; Hag.1:9-11; Hech.5:1-11.

“Cuando robaron a Dios en los diezmos y las ofrendas, tuvieron que darse cuenta de que no sólo le estaban robando a él, sino que se defraudaban a sí mismos; porque él limitaba las bendiciones que les concedía en la proporción en que ellos limitaban las ofrendas que le llevaban.” 1 J.T., 375.

“Hay muchos que arguyen que no pueden hacer más por la casa de Dios de lo que hacen ahora; pero no dan según su capacidad. El Señor abre a veces los ojos enceguecidos por el egoísmo, reduciendo las entradas de los suyos a la cantidad que están dispuestos a dar, y encuentran sus caballos muertos en el campo o en el establo, sus casas o galpones destruidos por el fuego o les falta la cosecha. En muchos casos Dios prueba al hombre con bendiciones, y si manifiesta infidelidad en entregarle los diezmos y las ofrendas, las retira.” 4 Testimonies, 484.

“Si alguno, por egoísmo, robaba a Dios o le traía una ofrenda imperfecta, seguramente había de sufrir el desastre y la pérdida. Dios lee los móviles del corazón, y conoce los propósitos de los hombres, y les dará a su tiempo lo que han merecido.” 3 Testimonies, 404.

 E- LA DEVUELTA DE LAS DEUDAS DE DIEZMO Y OFRENDAS

 1- ¿Qué terrible acusación pesa sobre nosotros en el asunto del pago de diezmos y ofrendas?

Mal.3:8-9.

 2- ¿Cuál es pues la invitación del Señor?

Mal.3:7.

 3- ¿Qué implica este arrepentimiento, este retorno a Dios?

Eze.33:10-11, 14-16; Luc.19:8-10.

“Toda alma convertida querrá, como Zaqueo, señalar la entrada de Cristo en su corazón mediante el abandono de las prácticas injustas que caracterizaban su vida. A semejanza del príncipe de los publicanos, dará prueba de su sinceridad haciendo restitución. El Señor dice: “Si el impío restituyere la prenda, devolviere lo que hubiere robado, caminare en las ordenanzas de la vida, no haciendo iniquidad…no se le recordará ninguno de sus pecados que había cometido: . . . vivirá ciertamente.”

“Si hemos perjudicado a otros en cualquier transacción comercial injusta, si nos hemos extralimitado en el comercio o defraudado a algún hombre, aun dentro del marco de la ley, deberíamos confesar nuestro agravio y hacer restitución en la medida de lo posible. Es justo que devolvamos, no solamente lo que hemos tomado, sino todo lo que se habría ganado con ello si se lo hubiese usado correcta y sabiamente durante el tiempo que haya estado en nuestro poder.” D.T.G., 509-510.

 4- ¿Cómo en los días de la hermana Elena G. de White los hermanos de una iglesia tomaron la decisión de devolver sus deudas de diezmos y ofrendas?

“Algunos de aquellos que no habían estado tratando justamente con Dios, y por consiguiente se habían separado de él, comenzaron a restaurar lo que habían retenido. Un hermano no había pagado diezmos por dos años. Él dio al secretario de la conferencia el diezmo que había retenido y el interés correspondiente, por valor de $ 571.50. Agradezco al Señor porque tuvo el valor de hacer esto. Otro dio por el importe de $ 300. Otro hombre que se había apartado hasta ahora de Dios pero que acariciaba una pequeña esperanza, que volvería sus pies a la senda de la justicia, dio $ 1,000. Se propuso que estos diezmos y ofrendas largamente retenidos se consagraran a la Misión Central Europea; así, con éstos y las donaciones de Navidad, casi $ 6,000 ingresaron en la tesorería de esta iglesia para ser aplicados a la causa misionera.” 5 Testimonies, 643-644.

 5- Entonces, ¿qué debemos hacer nosotros también con las deudas de diezmos y ofrendas que tenemos?

Rom.13:8.

“Dios quiere que los miembros de su iglesia consideren que sus obligaciones hacia él son tan válidas como sus deudas con el negociante o el mercado.  Repase cada uno su vida y vea si hay promesas que no han sido pagadas ni redimidas por descuido y luego haga esfuerzos extraordinarios para pagar hasta “el último maravedí” (Luc.12:59); porque todos habremos de hacer frente al arreglo final de un tribunal cuya prueba podrán soportar sólo quienes hayan sido íntegros y veraces.” 1 J.T., 554.

Conclusión: “Me fue mostrado que el ángel registrador lleva fielmente un registro de cada ofrenda que se dedica a Dios, poniéndola en su tesorería, y también de los resultados finales de los medios así usados. El ojo de Dios tiene en cuenta cada centavo dedicado a su causa, y la buena o mala voluntad del dador, así como el motivo porque es dado. Los abnegados creyentes que devuelven a Dios las cosas que le pertenecen, como se requiere de ellos, serán recompensados según sus obras. Aunque sean mal empleados los medios así consagrados, de manera que no cumplan el objeto que el dador tenía en vista – la gloria de Dios y la salvación de almas; los que han hecho el sacrificio en sinceridad de alma, con mira sencilla a la gloria de Dios, no perderán su galardón.” 2 Testimonies, 518.

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